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Glenn Gould: ¿Realidad o ficción? (post invitado) | Ferran Escrivà Llorca

Glenn Gould: ¿Realidad o ficción?

Por Inmaculada Romero Marín (inmapersonal-AT-yahoo.es)

Son muchos los calificativos que se han utilizado para describir a Glenn Gould (Toronto, 1932-1982): excéntrico, maniático, raro, extravagante, genial, brillante, visionario, enigmático, egocéntrico, heterodoxo.             Especializado en J. S. Bach, sus grabaciones de las Variaciones Goldberg y de El Clave Bien Temperado son referentes interpretativos para los pianistas hoy en día. Como dato llamativo, que ayuda a entender mejor la influencia de este pianista a nivel mundial, la sonda Voyager viajó al espacio en 1977 con una selección de música que incluía una interpretación de Bach realizada por Gould.

El objetivo de este ensayo es reflexionar acerca de si se refleja o no la personalidad de este gran pianista en sus interpretaciones y si su peculiar manera de salir al escenario era artificial o, por el contrario, era su manera de sincerarse con el público. Con este fin, primero se considerarán ejemplos visuales y sonoros y después se intentará establecer qué tipo de personalidad mostraba, comparando informaciones provenientes de diferentes artículos y libros, para después poder vincularla a su visión interpretativa.

Dada la brevedad de este texto, es imposible abarcar todas las grabaciones, tanto en audio como en vídeo, que realizó a lo largo de su vida. Por lo tanto, y como muestra, se tendrán en consideración las siguientes, debido a las características que se detallan a continuación:

  • Primer movimiento de la Sonata op. 57 “Appassionata”. Una de las sonatas más populares de Beethoven. Es una muestra de lo provocativo de sus interpretaciones. Ralentiza el tempo drásticamente, el Allegro assai indicado en la partitura parece, más bien, un Andante con moto.
  • Extracto del documental The art of Piano, en el que Gould toca el comienzo de la Sinfonía de la Partita nº 2 de J. S. Bach. En este vídeo se puede observar cómo se sienta en una posición extremadamente baja y el canto que emite mientras toca es tan audible que casi no permite escuchar con claridad la música.
  • En el siguiente enlace se puede visualizar y escuchar una toma del Aria de las Variaciones Goldberg. Esta es una insólita grabación del año 1982, en la que el pianista se permite incluso realizar cambios en la armonía, como si fuera música atonal.
  • A continuación, se puede comprobar la diferencia con la interpretación anterior de la misma pieza. Esta es una grabación de 1964. En el minuto 10, Gould interrumpe la interpretación para explicar la variación que va a tocar después. Este es, probablemente, un ejemplo de cómo se adelantó a su tiempo. En la actualidad, es muy habitual el uso de las nuevas tecnologías para explicar piezas musicales, pero, en aquella época, ni siquiera se disponía de televisión en la mayoría de los hogares. En esta faceta se le podría considerar como un visionario.
  • En el siguiente fragmento Gould ofrece una magnífica interpretación de La valse de Ravel en un estilo que se consideraría “dentro de la tradición”. Esto podría demostrar que sus versiones más polémicas son fruto de una reflexión interna y no un capricho momentáneo.
  • En este último vídeo se ve a al pianista entrar a escena con su vieja y estropeada silla. Explica que ha estado con él durante 21 años y que es como un miembro más de la familia.

En una conversación con David Dubal publicada en el libro Reflections from the Keyboard: The World of the Concert Pianist (1) revela que nunca le ha preocupado el tema de la digitación, es más, para él es algo que surge espontáneamente cuando mira la partitura y opina que la mayoría de las ediciones críticas, incluso las más reputadas, como las ediciones de Beethoven por Schnabel, podrían ser erróneas, incluso perjudiciales. Asimismo, reconoce que nunca ha realizado una práctica que se considere “estándar” con el instrumento.

Después de dedicar 17 años de su vida a la actividad concertística como solista internacional, se retiró de los escenarios estando en la cumbre de su carrera a los 32 años porque, según él mismo decía “el concierto está muerto”, para aislarse en un estudio y centrarse exclusivamente en grabar y experimentar con los medios tecnológicos que tenía a su alcance. Las versiones de sus discos son el resultado de mezclar fragmentos de distintas tomas de las obras que le interesaban.

Glenn Gould es autor también de numerosos ensayos. En la introducción del libro que reúne sus Escritos Críticos, se afirma que Gould estaba cansado de la incapacidad del intérprete de corregir errores en el transcurso de una actuación, a diferencia de otras artes creativas, y que la tecnología le ofrecía la posibilidad de subsanarlos y ayudar al artista a crear una interpretación al máximo de sus posibilidades. Además, se afirma que Gould tenía aversión por las actuaciones en directo, las giras, los vuelos en avión y las situaciones extramusicales que conlleva la fama, ya que el público esperaba una especie de número circense por su aproximación tan peculiar al instrumento.

Todas las publicaciones consultadas (enumeradas en las referencias bibliográficas) coinciden en que tocaba siempre utilizando la misma silla pequeña que llevaba consigo a cada concierto, que salía al escenario con la ropa arrugada, que mantenía sus manos durante un tiempo en agua caliente antes de cada actuación, que tarareaba cuando tocaba y que tenía una infinidad de manías en su vida personal: dormía de día, comía una vez al día, había desarrollado una dependencia hacia  los fármacos, evitaba el contacto físico con otras personas (solo se le podía entrevistar telefónicamente). Le espantaba coger frío y podía aparecer en verano con abrigo, bufanda y guantes.

Actualmente se dice que podría haber padecido el Síndrome de Asperger, un trastorno del espectro autista poco conocido y difícil de diagnosticar. Esta patología no se manifiesta en el aspecto físico.            Generalmente, las personas afectadas por esta enfermedad presentan problemas para socializarse con los demás, una memoria fuera de lo común, hablan de forma extraña u ostentosa, tienen tendencia a balancearse (Gould tenía tendencia a balancearse mientras tocaba), dificultad para dormir (Gould era incapaz de dormir sin la radio), pueden mostrar una obsesión por algún tema específico, convirtiéndose en verdaderos expertos. Gould tenía todos estos rasgos.

Algunas de estas características están ligadas al concepto de genio en el que se inspiró la tendencia positivista, que consideraba a Beethoven como el paradigma de la genialidad, cuyo carácter también fue considerado como egocéntrico y extravagante. Interpretar, según la RAE, es explicar o declarar el sentido de algo. Esto se puede aplicar a la acción de ejecutar una pieza musical. El intérprete sirve de intermediario entre la obra musical y el público. Es por ello por lo que no todos los expertos reconocen el mérito de Glenn Gould, ya que en muchas ocasiones no mostraba fidelidad al texto.

Gould desafió el concepto de interpretación “históricamente informada”, recreando las obras a través de su personalidad. Sus interpretaciones están fuera de los cánones establecidos. En ellas se transmite más la personalidad del pianista (fuera también de los cánones considerados “normales”) que lo que el compositor indica en la partitura. Sin embargo, después de investigar sobre su personalidad, se llega a la conclusión de que no era artificio lo que fabricaba a su alrededor, sino fruto de los rasgos de su carácter hipocondríaco.

Retomando el título de este ensayo, se podría afirmar que Glenn Gould ha sido una realidad dentro de su contexto y fiel a sí mismo en todo momento. En este punto, surge otro interrogante: La personalidad de un músico ¿se refleja siempre a través de su interpretación?


REFERENCIAS

Dubal, David. Reflections from the keyboard: The world of the concert pianist. Schirmer Books; London; Toronto: Prentice Hall International, 1997.
Gould, Glenn, Escritos críticos. Turner, 1989. Tim Page (ed.), and Bernardette Wang (trad.)